El Corazón de María y la Comprensión del Dogma Mariano
- P. Mitchel
- 18 mar 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 21 mar 2020
1. Noción del Corazón de María - Entendemos la expresión “Corazón de María” el corazón de carne de la Santísima Virgen, como símbolo, expresión y asiento del doble amor, espiritual y sensible, por Dios y por los hombres, y, también, como el asiento de todas las virtudes - adquiridas e infusas -, de todos los carismas y de todos los dones de la Madre de Dios (cf. nuestro § 10).
El Corazón de María expresa y simboliza, pues, un amor que es, a la vez creado, redimido y corredentor, humano y sobrenatural, inmaculado, virginal, nupcial 4, maternal y glorificado frente a las Personas divinas, angélicas y humanas. Diremos siguiendo a Scheeben - que se inspira en Santo Tomás de Aquino5 , que el Corazón de María es el centro vital de su persona, el resumen sintético de la personalidad de la Madre de Dios 5bis. Es decir, que esta expresión incluye, además, una referencia a todos los actos de libertad de María, y a la historia de su existencia terrestre. Su significado es inseparablemente esencial y “existencial”6 , pero de una irreductible originalidad: ¿cuál amor humano, totalmente y exclusivamente humano, ha sido a la vez inmaculado y rescatado, virginal y nupcial, virginal y maternal? ¿Cuál otro amor puramente humano ha sido elevado a los confines de la unión hipostática?
2. El Corazón inmaculado de María - La gracia de la Inmaculada Concepción significa “plenitud de Redención en aquella que debía acoger al Redendor”7 , o en otros términos, plenitud inicial de amor infuso y habitual (no necesariamente actual) creado en aquella que debía acoger al Amor increado. Desde el primer instante de su existencia terrestre, el Corazón de María, preservado de todos los gérmenes de odio demoníaco o de rebelión, fue invadido por el don infuso del amor sobrenatural, de una caridad tal que su imaginación y su sensibilidad le fueron perfectamente sumisas, y que su primer acto de libertad, opción decisiva respecto del fin último8 fue un acto de puro amor y de perfecto consentimiento a la gracia que obraba en ella. En este amor creado vivían las Tres personas divinas por la gracia santificante poseída a un punto tal que, considerando el dinamismo de toda la primera gracia recibida por María, Pío XII dijo con razón:
“La santidad del Hijo excedía y sobrepasaba inconcebiblemente la santidad de la Madre; pero el aumento de su santidad (la de María) sobrepasa tan de lejos toda otra santidad creada, que se esconde en inaccesibles cumbres de esplendor delante de las miradas deslumbradas de los santos y de los ángeles”9

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